miércoles, 10 de septiembre de 2008

LAS DISTINCIONES ESCENCIALES


1. Doble sentido del signo

“Expresión” y “Signo”, son dos conceptos que suelen ser empleados en un mismo sentido, pero que no expresan exactamente lo mismo. La diferencia radica en que el signo por sí mismo no logra expresar siempre la “significación” ó el “sentido” de aquello de lo cual es signo; En cambio, las “expresiones” contienen en sí mismas un “significado”.
El “signo” funciona más o menos como una evidencia de algo a lo que quiere aludir, y en ese proceso requiere de dos funciones: Función indicativa y función significativa. En un primer momento el signo actúa como “señal” de algo, de esto se puede deducir luego una “significación” de aquello a lo cual nos conduce el “signo” ( lo que nos señaló).
Sobre las expresiones podemos decir que, en un sentido quizá más amplio que el del signo, logran “significar” y en cierta forma “señalar”.
En conclusión, el signo puede funcionar como señal de algo, pero no siempre sirve para expresar aquello de lo cual es signo.
Expresión -=- Significa
Signo -=- Designa


2. La esencia de la señal

La señal se puede expresar como una parte del signo, encargada de establecer una relación entre este y su “indicación”.
Los signos indicativos abarcan un concepto más amplio que el de las notas, su función puede estar o no determinada en su contenido para quien los perciba. Para su creador han de indicar sobre algo, señalar. Así un signo va a estar siempre fuera de la materialidad de aquello que expresa, funcionan por medio de una asociación con su significado, así esté afuera de la materialidad, es una presencia que se entiende con relación a otra. En esto cosiste el hecho de señalar.

3. Mostrar y demostrar

El “mostrar” indica la existencia de algo, el “demostrar” se refiere a una función expresiva ó pensamiento. Por medio del signo se pueden llegar a percibir cosas, ya sea como indicio de la existencia de otras cosas ó de las vivencias psíquicas de alguien. En el signo se constata una unidad intencional a partir del “mostrar” y el “demostrar” (Significante y significado). La demostración puede estar contenida en algo propiamente físico ó en una vivencia psíquica.
Se puede decir que, al deducir la existencia de una situación objetiva por medio de otra situación objetiva, esta segunda actúa como signo que nos muestra el ser de la primera, la cual alcanza su demostración de una manera intelectiva o posiblemente intelectiva. El campo de la probabilidad entra en juego si hablamos de las “señales” que son reales y las aparentes. Por medio de “señales reales” podemos fundar probabilidad hasta de manera empírica; Las “señales aparentes” no nos proporcionan indicios suficientes acerca de algo. Es preciso tener en cuenta que el “señalar” no precisa las consideraciones de probabilidad, se puede emitir un juicio por simple sospecha, más no siempre firme.


4. Digresión sobre la génesis del signo por asociación

La relación existente entre un “signo” y aquello de lo cual lo es, se lleva a cabo gracias a la llamada “Asociación de ideas”. En este proceso el signo nos remite por medio de remembranza a la idea ú objeto que pretende representar, y llega a crear en un sentido descriptivo caracteres peculiares en este mismo sentido. La asociación funciona como un método que nos remite a los contenidos de la conciencia y en su acción crea nuevos caracteres y unidades fenomenológicas que no se encuentran precisamente en los contenidos vividos. Un “signo” señala “algo” existente por medio de una conexión, y ese “algo” pertenece así mismo al signo en el orden de asociación y disociación.
La función asociativa se desempeña asumiendo que una cosa ya existente, se muestre o aparezca como perteneciente a otra ú otras. Los objetos y situaciones objetivas, empleados como signos, nos recuerdan, o mejor, nos señalan la existencia de algo más, lo cual nos da también testimonio de la existencia de aquel que ya denominamos “signo”.


5. Las expresiones como signos significativos. Exclusión de un sentido de la asociación, que no pertenece a este tema.

Una expresión es un “signo significativo”. Todo discurso o parte del discurso es una expresión. En cambio las exteriorizaciones del sentimiento ó del discurso en sí por medio de gestos ó ademanes, quedan excluidos del ámbito de las expresiones, en lo que aquí respecta, en el sentido de discurso estas no comunican nada al receptor pues no hay en ellas intención de hacerlo, por parte del emisor. Estas “expresiones” no alcanzan a tener “significación”, más sí se pueden determinar como manifestaciones “indicativas” para quien a su modo las interprete, sin llegar a ser estas signos verbales.


6. La cuestión de las distinciones fenomenológicas e intencionales que pertenecen a las expresiones como tales.

Las distinciones fenomenológicas e intencionales que abarca la expresión como tal, se deben hacer partiendo de que la expresión posee una parte física sensible y una parte constituida por un conjunto de vivencias psíquicas que son las que le dan “sentido” ó significación”. Esta no es distinción suficiente para fines de la lógica.
Es necesario establecer otro tipo de distinciones como por ejemplo las que se deben hacer con respecto al acto de nombrar, teniendo en cuenta la separación que hay entre los conceptos “expresión” y “señal”: Los nombres “notifican” vivencias psíquicas ó presencias físicas, más también pueden actuar cómo significante dándole sentido a la representación nominal; Entre la primera y la segunda ya hay una distinción, que a su vez se distinguen de lo que el nombre nombra, o sea el objeto de la representación.
Todas estas dilucidaciones, entre otras, se hacen necesarias para delimitar los conceptos de “significación”, “función simbólica de la significación” ó “función comunicativa” y su función consecuente a la que denominamos “función cognoscitiva”.





7. Las expresiones en función comunicativa.

La función comunicativa se basa en la notificación de vivencias psíquicas por medio de las expresiones contenidas en un discurso emitido por alguien, con el fin de que esas vivencias psíquicas sean a su vez notificadas e interpretadas en su sentido fundamental por quien escucha, que de este modo ha de comprender la intención comunicativa de quien habla. El habla y el escucha se deben hallar en coordinación mutua, dentro de la conversación hallamos también una “función notificativa” que nos remite a la función de las expresiones como señales, que han de expresar las vivencias psíquicas de quien habla.
La función comunicativa se halla siempre en primera instancia dentro del discurso y nos sirve para “notificar”, ya sea en sentido amplio ó en sentido estricto. Con “sentido estricto” nos referimos a el sentido que le da al discurso quien lo emite; Así mismo con “sentido amplio” nos referimos a las vivencias psíquicas que supone el receptor a partir de su comprensión del discurso ó el juicio, llevando a cabo así la “función cognoscitiva” obteniendo una percepción externa de lo que escucha y a la vez su aprehensión, mas no se trata de la misma vivencia psíquica del emisor. La verdadera aprehensión se logra gracias a la mutua comprensión en el acto de notificar y el de tomar nota con respecto a las vivencias psíquicas.


8. Las expresiones en la vida solitaria del alma.

Primero que todo vale la pena tener en cuenta que las expresiones a las que aquí nos referimos en ningún momento han perdido su ser por el hecho de ser vivencias psíquicas no materializadas. Estas cumplen su papel de la misma forma que en el comercio verbal gracias a que han de significar de igual modo o refiriéndose a lo mismo, actuando como signos, “señalando”. Mas en la vida solitaria del alma no es el signo o la palabra la que nos conduce hacia su significación, esta es representada mentalmente como signo de aquello que pretende señalar. Aunque en algunos casos es el acto psíquico, deseo ó sentimiento el que precede a su notificación mental en forma de palabra imaginada, ó suceden al mismo tiempo y de forma natural. En la vida solitaria del alma nos hacemos una representación de un diálogo pero mentalmente, así que las palabras en su forma física no existen, más sí su representación imaginaria, lo cual no nos perturba pues realmente no se le está notificando nada a nadie, pero por medio de este discurso solitario se hace posible aprehenderse a sí mismo.

9. Las distinciones fenomenológicas entre el fenómeno físico expresivo, el acto de dar sentido y el acto de cumplir el sentido.

Dentro de la “expresión” como tal ó en su funcionamiento podemos encontrar una multiplicidad de fenómenos que hacen parte de su funcionamiento: Acontece un fenómeno físico expresivo caracterizado por la expresión como tal al momento de ser emitida ya sea de modo oral ó escrita, en el caso de los nombres, por ejemplo, uno puede hacer mención de algo, pero no hace más que mencionarlo si no se tiene una referencia intuitiva del objeto, por tanto no existe todavía; quedan entonces por separar el acto esencial para que la expresión tenga sentido que denominamos acto de dar sentido. Con acto de cumplir el sentido nos referimos a los “actos que se funden con los actos de dar sentido en la unidad del conocimiento”, estos no son esenciales para la expresión. En este orden la oración adquiere su significación ó su plenitud intuitiva, constituyendo así una objetividad expresada y con sentido.

10. Unidad fenomenológica de estos actos

INFORME DE LECTURA SOBRE: “La significación de las oraciones” Bertrand Russell

Dentro de las leyes de la sintaxis hay diferentes cuestiones que hacen pensar que estas no son totalmente adecuadas para sus fines, de este problema surge la duda que Russell plantes acerca de qué es lo que hace que una oración contenga realmente significación, para la lógica y para el correcto uso del lenguaje.

Lo primero a tener presente es el campo de las “posibilidades” dentro de lo puede significar una oración: “posibilidad sintáctica”, “posibilidad física” y “posibilidad lógica”. Todas tres pueden tener su aplicación dentro de las leyes de la lógica si se quiere, la primera nos remite al uso de las palabras según los métodos establecidos por la lógica e incluye la posibilidad de construir sin-sentidos que no vulneran dichos parámetros, la segunda nos limita dentro de lo netamente físico y tangible para el caso en que se representa por medio del lenguaje, la tercera se relaciona estrechamente con la anterior en el uso que requiere del lenguaje y de esta es de la que se ocupa la presente cuestión sobre la “significación” contenida en las oraciones.

En todas las aserciones encontramos un aspecto subjetivo y otro objetivo; el primero es en sí un estado del locutor que podemos expresar como “creencia” y cuyo ser no está sujeto al uso del lenguaje, con lo objetivo es con lo cual se pretende hacer tangible lo subjetivo, en el caso de lograrlo obtendremos una “verdad”, de lo contrario la oración sería “falsa”. A esto básicamente es a lo primero que nos remite el término “significación de una oración”, en cualquiera de los dos casos, siempre y cuando se conserve el sentido, pues si no es así sería el caso de un sin-sentido que no logra indicar acerca de nada ni verdadero ni falso. En esta distinción entre sentido y sin-sentido se ha de basar toda la teoría que aquí se formula. Esto nos conduce directamente a la necesaria separación ó distinción de “quien habla” y “quien escucha”, pues este último es susceptible de ser engañado por efecto de la naturaleza de la afirmación en cuanto a “verdad” y “falsedad” en el caso de las oraciones que realmente tienen sentido, pero el caso de un sin.-sentido podría llegar a haber confusión a tal punto que el receptor lo interprete como significante, especialmente si no es evidente, surgen así las “paradojas”, llamadas a tenerse en cuenta para fines de una buena sintaxis. Tenemos entonces tres tipos de oración, verdaderas, falsas y sin-sentido, cada una con su respectivos efectos, y las dos primeras contienen el “objetivo” del cual nos ocupamos. En el campo de las oraciones encontramos que “falso” ó “verdadero” se puede aplicar a una oración siempre y cuando conserve el “sentido” y que así ya no caracterizan precisamente lo opuesto, que en este caso sería el “sin-sentido”, ya que se opone a ambas.

Con el término “proposición” nos hemos de referir ahora a aquello que es “significado” por una frase y de lo cual, como hemos dicho, carecen las oraciones sin-sentido. Pero ¿Qué es lo que significa una frase y de que modo?, habremos de descubrirlo.

El efecto de una “paradoja” consiste en el hecho de darle significación a una frase que no la tiene ó que aparenta tenerla, pero esto se hace evidente en muchos casos. Ahora, dentro de las oraciones significantes debemos establecer diferencias y descubrir hasta donde estas pueden llegar a ser adjetivas. Cundo se forma una sarta de palabras decimos que hay una proposición en la cual se puede hallar la significación representada físicamente en la oración, quedamos entonces en la búsqueda de la denominada “significación preposicional” que se restringe a las oraciones verdaderas y falsas. La percepción entra en juego como un criterio suficiente, aun que no se hace necesario, para la significación de una proposición: Al expresar lo que percibimos ó imaginamos estamos significando algo, ejemplo de lo que se “significa” con una frase que contenga significación; Más hay que distinguir entre dos cosas, a saber, lo que yo expreso y lo que hace verdadera mi afirmación, que puede ser un hecho real u objetivo relacionado con un estado, ó en el primer caso cuando por medio de una frase pretendo expresar una creencia ó el objeto de esta, si es que lo hay; Alguna experiencia me lleva a creer eso que expreso, si eso que creo tiene un objeto, puedo decir que afirmando ese objeto expreso el hecho de que yo creo algo; no afirmo que yo crea el objeto. En el caso en que alguien plantea una pregunta acerca de algo, ó de una creencia de algo, lo que hace es una asociación entre lo que imagina y lo real, con el propósito de confirmar una creencia ó descartarla como falsa, si esta fuere de un objeto que se plantea como afirmación es la misma que se da si se plantea como interrogación , o sea, se está refiriendo a la misma significación. La verdad de la creencia se constata por medio de acontecimientos, y para tener “conocimiento” de dicha verdad tuve que haber percepción, igual en el caso de la falsedad. Por ahora podemos hablar de las oración como significación de una proposición sea verdadera ó falsa.

Dos definiciones importantes:

· Oraciones significantes: Pueden ser lógicamente un juicio de percepción, si no es así, igual puede contener una imagen que logre dar significación a la frase.

· Oraciones no significativas: Lo único que logran es confundir y remitirnos a paradojas y representaciones mentales sin-sentido, en ocasiones difíciles de reconocer.

Las regalas de la sintaxis no son enteramente precisas pues han sido construidas, en parte basándose en la impresión, esto no es suficiente para fines de la lógica. Debemos buscar qué aspectos podemos rescatar de ello, se debe tener en cuenta la morfología de una frase significante. Hay algo que creemos y que expresamos por medio de palabras ó signos, los cuales desencadenan reacciones fisiológicas ó temporales que parten de la creencia de quien las percibe, logrando en cada una de las personas un efecto proporcional, según quien las perciba y según la pretensión del mensaje y si este hace parte ó no de la creencia de quien lo percibe. Las creencias verbales se hallan en las palabras y su significación, y quien las escucha les da un carácter en ocasiones de verdad sin ser el caso. Las creencias que nos ocupan son puramente verbales pero ponen en claro lo que se entiende por “significar una verdad”. Los efectos físicos y mentales se pueden ver condicionados por el efecto de las palabras de las cuales se tenga conocimiento, por ejemplo los niveles de expectación que desencadena una advertencia. Hasta ahora podríamos decir que la significación de una oración es acerca de hachos observados; creencias, que aunque no impliquen palabras siempre será posible significarlas por medio de estas de una manera adecuada. Las creencias se pueden expresar por medio de proposiciones del modo “yo creo que”, esto lo podemos aplicar al dudar, sentir, desear, etc... y así significar distintas clases de hechos, observados ó experimentados. Una oración puede ser significante entonces de una percepción, más la oración por sí sola no significa nada percibido, o tal vez como elemento subordinado y elemento integrante de la actitud proposicional. La relación que existe entre una oración y su verdad se encuentra en la diferencia en los usos que se le pueden atribuir a las palabras, uno cuando simplemente afirmamos la frase y otro cuando afirmamos que “creemos” la frase. La primera es en cuanto a objetos y la segunda nos remite a significados mentales, ideas propias. Un juicio de percepción no es propiamente una percepción, pues las palabras son distintas de aquello que significan, pero nos son necesarias, no debemos excluir las oraciones que no se hallan convertido en actitudes proposicionales.

Si hacemos una división entre categorías de palabras estas podrían ser sustituidas en una oración por otras de su misma clase sin que la oración pierda sentido, así obtendremos oraciones significantes.

Existe una relación compleja en la que interviene el lenguaje como elemento integrante de una interrelación de hechos lingüísticos y metafísicos.

La significación es un estado de una persona que cree, una serie de estados similares que también se pudrían expresar con imágenes, pero por medio de estas quedaría excluida la posibilidad del sin-sentido. La significación en una oración no es el hecho que la hace verdadera ó falsa, tiene que haber algo en quien cree la oración y no en el objeto al que esta se refiere. Sobre esta base de percepción están construidas las leyes sintácticas de la significación, estas son leyes psicológicas y son relativas a lo que se está imaginando, este, como ya se dijo es poco recomendable y tal vez no nos limite en cuanto al uso de las imágenes, alejándonos de la pretensión de obtener una teoría donde la significación sea adjetiva a las oraciones.

Si nos remitimos a la distinción fundamental de sentido y sin-sentido podríamos obtener mejores perspectivas, deberíamos entonces analizar los efectos de una oración desde la perspectiva del oyente, pues es en este en quien se logran desencadenar reacciones por medio del sentido de una oración, aunque esto se vea condicionado también por el uso del lenguaje que tenga quien ha de interpretarla y su conocimiento del léxico; El uso de proposiciones por parte del emisor también es llamado a tenerse en cuenta, esta “conducta implícita” como la llaman Kaplan y Kopolowish nos remite al uso de los signos e imágenes como signos-vehículos, los cuales requieren de la interpretación mental por parte del oyente, funcionando de modo tal que si ya se tiene establecido el modelo para cada signo entonces estamos hablando de una disposición que se “cree” a modo de signo, así lo “verdadero” sería aquello que en su definición logra una interpretación de los signos apropiadamente y de un modo reconocible al oyente, el signo como acaecimiento adquiere entonces su carácter en virtud de la similitud con su efecto. Pueden haber signos que funcionen por obra de un acaecimiento instintivo y no adquirido, lo cual se aplica correctamente a esta teoría; para poner en claro lo anterior hemos de establecer un uso menos científico de algunos términos y emplearlos de un modo normativo y para fines del buen uso del lenguaje: -“Correcto”, este término no debe ser utilizado como sinónimo de “verdadero”, pues “correcto” es un concepto social, como no lo es “verdadero”, entonces se podría dar el caso de que el locutor y el oyente estén hablando en términos diferentes, se aplica bien si se hablara para sí mismo, pero no en el ámbito social donde no siempre se comparte un mismo uso del lenguaje ni los hábitos interpretativos. –“Apropiado”este tiene su aplicación en los signos-vehículos en la manera en que existe una “apropiación” entre ellos, tal como reza su definición para efectos de la verdad: Un signo oracional es verdadero cuando provoca una conducta que hubiese sido provocada por una situación ya existente, si esta se hubiese presentado en el organismo. Para aclarar un poco la anterior definición hay que hablar de “situación” y “conducta”, las cuales deben ser genéricas y no particulares, pues en algún momento se puede dar el caso de una proposición falsa que implique cualquier otra proposición que satisfaga la “conducta”, se darían frecuentes similitudes y estaríamos sujetos al grado de vaguedad de lo “general”. Otras objeciones se podrían plantear cuando las oraciones son así consideradas, solamente desde el punto de vista del oyente, en estas circunstancias el criterio de “verdad” se vería condicionado a casos como el de las exclamaciones sobre rasgos en el ambiente que son directamente constatables, pero si la situación que comprueba la oración no esta presente al oyente la verdad se constataría solo por medio de una inferencia subsiguiente y nos conduciría quizás a una forma primitiva de la verdad.

Es un hecho que las “proposiciones” son “conductas implícitas” y que pueden ser las mismas para diferentes personas solo si estas creen la misma proposición, esto trasciende el uso de las palabras y se puede limitar a las creencias. Las oraciones tienen la capacidad de despertar conductas implícitas en una persona, sea oyente ó locutor que habla para sí mismo, esto le da un carácter de relatividad a las reglas de la sintaxis que sugieren qué: “Un lenguaje que obedece alas reglas tiene, para quienes lo entiendan la virtud de que toda “oración” expresa una “proposición”, y de que toda proposición puede ser expresada por una “oración” si se hace con el vocabulario adecuado”, así es más precisa la relación entre la oración y lo que significa. Distinguimos que una “proposición” es un acaecimiento psicológico ó fisiológico y que se puede llegar a comunicar correctamente por medio de una “oración”, y si dos oraciones siendo diferentes contienen la misma “significación” es por que expresan la misma “proposición”.

Finalmente se puede deducir que cuando una oración contiene “significación” es acerca de algo que no es ella misma, lo cual nos indica la existencia de un acaecimiento físico ó psicológico, como es el caso de las proposiciones “falsas”, si esto no sucede estaremos frente a un sin-sentido.

La Negación

Cuando se formula una pregunta por medio de una oración interrogativa se espera obtener como respuesta una oración asertórica con referencia al juicio ó pensamiento a tratar, sobre el cual se ha de afirmar o negar según el caso. Esto se puede llevar a cabo siempre y cuando el pensamiento de la pregunta no sea ficticio y sea reconocible a partir del texto o frase.
En las oraciones interrogativas existen diferentes cuestiones que vale la pena aclarar, una de esas se refiere a la verdad, o mejor, al ser verdad del pensamiento o de la pregunta en sí. Se pueden presentar dificultades, o una gran contradicción si tenemos en cuenta que “el ser de un pensamiento es su ser verdad, por eso, con el fin de evitar este tipo de paradojas es necesario distinguir entre: el contenido de la pregunta y la petición de juzgar. Así se puede preguntar por lo “verdadero” dentro del sentido de la correspondiente oración interrogativa. Para el caso de las preguntas en que a simple vista se puede dictaminar un juicio negativo, se podría decir que no contienen un pensamiento, puesto que no hay nada verdadero en su contenido al momento de ser respondidas. Es así como nos conduciríamos en el caso de una pregunta obvia, pero en el caso de una pregunta cuya respuesta no se hace inmediatamente evidente no podríamos negar al instante la existencia de un pensamiento. De hecho, ya en cualquier tipo de pregunta se está hablando de algo. Entonces podríamos decir que depende tanto de la pregunta como de su respuesta para poder aceptar el ser del pensamiento. Para ello, ya el sentido de la pregunta debe ser algo reconocible, y si “ser” consiste en su ser verdad entonces todavía no “es”; en el caso de las preguntas de obvia respuesta afirmativa, en las que se reconoce su contenido por medio de su ser verdad, entonces se estaría contradiciendo la esencia de la pregunta. De este modo podemos descartar como contenido o ser de la pregunta el que su juicio sea verdadero o falso, pues de esto se ha de ocupar ella misma. Ahora bien, si entandemos que el sentido de una pregunta es la codificación de un pensamiento, se debe entonces separar dicho sentido ó pensamiento de la petición de juzgar contenida en la interrogación, ya que este pensamiento se designa tanto en la pregunta como en su respuesta asertórica. Podemos así decir que, los pensamientos pueden ser captados como primer paso hacia su aserción por medio de una pregunta, de la cual se obtiene un juicio, sabiendo que cada pensamiento logra su ser tanto en su propio cuestionamiento cómo en su respuesta asertórica. Tampoco se debe confundir, la carencia de sentido del pensamiento contenido en una pregunta con su falsedad, pues son cosas distintas: Una oración que expresa un pensamiento falso no nos lleva nada, pero si está acompañada de una que sí expresa algo verdadero se podría establecer entre ellas un sentido que resulte verdadero; Un sin sentido resultaría en el caso de realizar una contraposición entre los componentes: antecedente y consecuente. Podría la frase perder concordancia al igual que su carácter de verdad, en esta operación se debe reconocer que alguno de los componentes es falso y que puede ser suprimido. Podemos afirmar entonces que, el ser de un pensamiento contenido en una pregunta radica en el sentido que conserve esta.
La verdad del ser de un pensamiento podría decidirse por el hecho de que varias personas lo entiendan como uno y el mismo pensamiento, cosa que puede llegar a no cumplirse nunca, si se tiene en cuenta que cada persona se hará una representación mental distinta de los sujetos y acciones a los que se refiere el emisor. El pensamiento contenido en la pregunta debe ser entonces reconocible por varias personas antes de ser juzgado, ya sea positiva o negativamente. Pero el ser de un pensamiento no se ve comprometido por esto, ni tampoco por el hecho de que uno de sus componentes sea verdadero y el otro falso; Un pensamiento no pierde su ser en el caso de ser verdadero ni falso, su ser ya queda establecido desde la pregunta, en la asociación hipotética de quien lo capta y al momento de su respuesta, ya sea afirmación ó negación, pues no se puede decidir sobre lo que no tiene ser.
El ser del pensamiento de una pregunta no se pierde ni se diluye en ningún caso sea cual sea su respuesta, si luego de despejarse la interrogante solo quedan restos del pensamiento de la pregunta entonces es por que de eso mismo constaba esta, de restos de un pensamiento. Una pregunta sobre un pensamiento es en sí algo verdadero, independientemente de sí su respuesta es afirmativa ó negativa, en cuyo caso simplemente perdería su fuerza asertórica al pronunciarse.

¿QUÉ EXPRESA UNA EXPRESIÓN LÓGICA Y EN PARTICULAR UNA QUE CONTENGA UNA NEGACIÓN?

Una expresión lógica tiene cómo propósito expresar un pensamiento, resultado de un proceso psíquico de quien la expresa. Para que una expresión adquiera el carácter de “lógica” debe cumplir con ciertas leyes, de las cuales, según su cumplimiento se pueden deducir los diferentes aspectos a tratar respecto del pensamiento, que por medio de esta se quiera hacer perceptible. Primero que todo la expresión debe ser de un pensamiento que no pertenezca al mundo de ficción. Debe también conservar un sentido, el cual se deduce de la correspondencia que se halla entre el factor “antecedente” y el “correspondiente”, ya, en el caso de una oración compuesta de sujeto y predicado, o en una oración mas compleja, compuesta por diferentes datos que nos ilustren de forma mas detallada acerca del pensamiento.

Aún cuando cada quien tenga la posibilidad de hacerse su propia representación mental de los detalles, sujetos ó situaciones a tratar en la expresión, no se descarta por ello que el pensamiento se pueda hacer común entre quienes lo captan como el mismo; Aquí podemos decidir acerca de la lógica que contenga la expresión, si el pensamiento se transmite de modo que conserve su sentido para quienes lo captan, de igual forma que para quien lo ha emitido, se puede decir que el pensamiento logró ser expresado con cierta claridad, al punto de ser entendido correctamente, y diríamos que también se logró que la expresión conservara su lógica.

Los pensamientos que se expresan por medio de la lógica están ligados a las propiedades de las cosas sobre las que se habla, esta propiedad en el pensamiento relacionándolo con las cosas, se expresa como “verdad”, esta relación se ha de guardar cuando quiera que se valla a expresar algo de manera lógica y acerca de algo que es. Para el caso de las oraciones que contienen una negación, es importante hacer la diferencia entre el “ser” del pensamiento que se quiere expresar, y su “ser verdad” , ya que, así se trate de una interrogación, una negación ó una afirmación, se debe tener presente que el pensamiento ya de por sí “es”, y que ha sido expresado en lo predicativo. De este modo la lógica forma leyes descriptivas de la verdad de algo, ya sea para aseverarlo cómo para negarlo. Es del pensamiento que una oración asertórica intenta expresar, de este es que se desprende la verdad por medio de la lógica, ya sea para afirmar o negar su “ser verdad”.